jueves, mayo 18

Huellas



El espacio se hacía más amplio a cada paso. Por horas esperó que la luz al final de ese pasillo desembocase en una cascada luminosa que lo apartase de las sombras. En ese largo trance el sonido de su respiración había sido su única compañía. Ahora acudían a él sus pensamientos en una mezcla de vértigo y delirio. Entrecerró los párpados, apenas un instante, y al abrirlos se vio caminando por una playa en un amarillento atardecer detenido en un tiempo sin fin, bajo un cielo nublado que dejaba pasar rayos de lánguido pero brillante y pálido sol. El agua estaba quieta y las olas, que ni crecían ni reventaban, suspendidas en el aire acusaban un inmovilidad pétrea. Sus pasos coincidían con unas huellas que delante de sus pies se extendían hacia el infinito. Pese a que el viento también se encontraba en el mismo estado de suspensión, la sensación térmica era de inusitada frescura. Sin comprenderlo, sus pasos se ciñeron a esas huellas y al rumbo que trazaban... y caminó y caminó, viendo delante de sí el ángulo, a lo lejos, en el que se unían el mar, la playa y el cielo; una curva inacabable que prometía las sombras de un cercano crepúsculo, en una convergencia de naranja y magenta. Pasado un largo lapso empezó a sentir que el espacio se achicaba cada vez más pero sin achicarse realmente nunca. Caminó por horas, por días, rellenando las huellas con su pasos sin lograr llegar a esa oscuridad que prometía un abrigo que lo guardase de aquella luz. Cuando se dio cuenta de que su respiración era lo único que lo acompañaba en aquel paraje, sintió desvanecerse y cerró los ojos antes caer sobre la arena; pero eso no pasó, abrió los párpados y se encontró caminando por un oscuro corredor al final del cual se divisaba un incipiente y escuálido haz.


César Eduardo Galarza

Foto: https://goo.gl/4jXoSe

miércoles, mayo 17

Háblame


Decir, más que con palabras,
lo que mis ojos buscan cuando buscan tu mirada...
pero nos atraviesa el silencio
y una sensación de extravío en mi cuerpo cunde...
¿Será así acaso la agonía?
Háblame, olvida mis necedades,
devuelve a tu voz el canto
y a tu rostro la sonrisa, aquella que sosiega tempestades,
las tempestades que mi mar ciñen.

martes, enero 17

Silencio compartido



Levanto la cabeza,
alzo los ojos
y compartimos este silencio…

La distancia nos asemeja,
nos hermana en esa identidad que la soledad depara;
y, aún así,
sigues siendo la extraña,
la extranjera que habita en la voz desterrada,
en el desplazado vocablo
que jamás comprendió los territorios del amor,
en el agitado verbo que busca los surcos de tu piel
para gritar nuestro aroma,
en el callado adjetivo que
califica/descalifica
construye/deconstruye
edifica y arrasa
las altas torres que para ti erige
este hombre que te mira desde las pautas de su tiempo,
desde su estación de adverbios contrariados,
desde su lluvia de rostros inconexos,
desde su silenciado decir,
desde la carencia que tu presencia marca,
desde el saludo políticamente correcto
que nos devuelve a la absurda realidad cotidiana.

Bajo los ojos,
agacho la cabeza
y trato de convencer a este corazón
de que en realidad no ama,
de que ese impulso que lo mueve hacia ti
es una excusa para medirse con el lenguaje,
para pergeñar versos improbables en realidades imposibles,
para ejercitar el oficio de la palabra
y llenar de presencias el vacío,
para encender la luz dentro de los huesos
e iluminar este tránsito por la sombra
y saberse vivo
más allá de todo latido,
más allá de toda ausencia anticipada.

sábado, septiembre 26

Aleja de mí este canto...

                                                                            Pregunta por mí, el viento sabrá...
                                                                   (X. San Martín & P. Benegas /LOVG)

Aleja de mí este gozo que el amor promete.
Aleja los sueños y el futuro que anidan tras
la dulce calma que trae la noche.
Acalla en mi boca la certeza,
las palabras que al pronunciarse serán tu venida.
Aleja de mí este canto
para darle al vacío el esplendor de tu esencia.

Negarte, negar que existes habitante -como yo- del instinto
porque amar es espejismo
para quien ha decidido apenas ser amado,
y porque prefiero creerte venida del Sur
para yacer intacta en mi silencio.

Vuelvo a ser el hombre que no esperaba con temor la lluvia,
el caminante con un escrito bajo el brazo,
la figura de un ave de papel que sueña con aquel lugar común
que buscan los poetas,
el trazo del estilo sobre el papel de los días,
el aroma de la piel de la tierra reverberando sobre una llama.
Vuelvo a serlo y no lo quiero más (no puedo).
Así que aleja de mí este canto
para darle a la poesía la forma de tu ausencia.
(1998-2015)



martes, agosto 5

Las certezas no asumibles

Algunas cosas vuelven a un punto inicial. Quisieras desdoblar tu piel para que en ella cunda ese ser bifurcado que se te antoja eres. Estar de pie de frente a la vida debería ser un estadio vital más animado, a la vez inquietante, a la vez apetecible. Pero las certezas que te nacen no tienen cabida en la historia que vas contando. ¿Qué haces?

Por lo pronto prefieres el silencio donde la palabras acumula una serie de frases que te asaltan en tropel. Son construcciones que decides deben no ser dichas, cifradas, aunadas a una métrica, a un sistema y un sentido posibles. Luchas porque las cosas que configuran tu universo sean suficientes, únicas y totalmente importantes.

Sin embargo, ese silencio atiborrado de decires inunda tu pensamiento. Sí, aquel pensamiento que es asaltado por imágenes, sonidos, olores, sensaciones vividas e imaginarias. Anhelos y apetencias que acaso crees necesitar; y puede que no las necesites, pero su ausencia es invitación a una melancolía que se retrotrae sobre la espiral en la que se despliegan los latidos de tu corazón.

Das, entonces, la espalda a lo que sientes y rechazas el beso imaginado que se posó en los labios reales que día a día te traen noticias de la realidad que elegiste, la cual conoces como tu vida.

Y así, vez tras vez, tropieza la poesía y cuanto canto suba por tu lengua y busque la luz de tu boca, el sabor que sólo tu voz podría darle.



miércoles, julio 9

Lo que de mí se aleja

Más allá de toda palabra que el lenguaje arroje,
espera mi voz, hundida en la tormenta.
Liviana, diáfana, placentera es la sensación de extravío.
Inventa tu mirada un rizo que resbala por la sed del sueño;
sobre la ciudad pende el encanto de la llamarada
-supe que eras tú, el silencio prodigioso depositó tu nombre en mi lengua-.
Acoge la luz, en tus manos, la huella de cuanto es posible.

Tras el velo de las catedrales un ave anuncia la orfandad de las esquinas.
Otras veces he recorrido estas calles
macerando cada paso con infelices licores y falsa poesía,
ahora busco un sonido que se antoja imposible:
la risa que tu mano oculta como si de un preludio de sombra se tratase.
Ajena es a mí tu dicha –en la acera se disipa mi canto–.

Amo cuanto me está abandonando.

¿Lo sientes? ¿El rastro cálido de hormiga sobre la comisura del labio apetecido?

Ahora

Ahora quiere escribir,
buscar con su mano aquella voz que habla en lo oscuro,
menguar las pausas que eclipsan los decires,
la tartamudez, el miedo, la inseguridad aferrada a los rostros,
la certeza de las palabras que, constantes, repite
y sitian su discurso, 
y limitan el cielo de su espacio.

Ahora quiere mirar,
precipitar sus ojos sobre las formas que trazan su camino,
ser sólo la luz que descalza avanza, paso a paso,
sobre la rugosa piel del mundo,
cerrando los párpados a la huella que deja su sombra.

Ahora, sin embargo, calla
pues no quiere ser presa de la ansiedad
que agita lo imposible,
y quiere, también, alejarse del sabor gozoso de un nombre aún no dicho
que instante a instante sorprende en su boca.