sábado, julio 15

HABEMUS

A Amanda,
nuestra poeta


Tú me das esta tarde de dientes/delirios afilados.
Yo te doy un hombre enfermo que volvió del destierro
para salpicar de espanto las cimas de la piel oscurecida.

Tú me das la resaca/la sensación del alba en la herida.
Yo te doy un hombre que respira el cortinaje de amaneceres
agolpados a destiempo,
saturados de mortandad y expectativas…

Mi tránsito por el aire son todos esos lugares comunes
en los que detuviste la respiración durante los primeros besos,
durante los primeros atardeceres contemplados a cuatro manos
en aquellos silencios apetecidos,
en aquellas urgencias de la sed.

Ahora los fantasmas de esos tranvías
atraviesan el atribulado perfume del hastío,
esa pereza que sostiene la luz de la tarde;
y mientras me das la caída del sol sobre mis recortados cabellos,
el cambio de luces en el semáforo
detiene el paso decisivo hacia el abismo.

El crepúsculo engulle la ciudad (la luz vuelve al verde)
y el porvenir es una sombra extendida sobre el horizonte.
Aquellos héroes y sus reinas, entonces, se despiden
y me encuentro a mí mismo, vacío,
sin una palabra que sostenga mis certezas,
sin un aullido que viaje por los techos de la noche,
sin los seres cuyo dolor quise hacer mío.

Tú me das la ruta, pero no sostienes ya mi mano
y el miedo paraliza las palabras,
acalambra los tendones, inflama los nudillos,
apelmaza mi piel (aquel polvo enamorado)
lacerando los pliegues de la arena
en la que pretendí dejar mi huella.

Así, de nuevo, el silencio,
el espacio entre los inquietantes árboles de la madrugada,
el humo retenido entre la garganta y los dientes,
la lengua áspera que raspa el lenguaje
y lastima los vocablos
los cercena, acallando las certidumbres
desgarrando las dudas,
acidificando las llagas y las pústula,
de aquellas mejillas que te dieron,
alguna vez, el aliento.

Tú me das un alma herida.
Yo te doy un hombre enfermo que brinda con agua
y espanta los espíritus con manzanilla.

Tú me das las formas perfectas y el sentido.
Yo te doy un hombre enfermo y asustado que no quiere convertirse en su padre
golpeando a su madre en vísperas de domingo
para luego salir, tranquilo, a la calle.

Tú me das la música de las esferas.
Yo te doy un hombre enfermo que asume incapaz de amar,
afligido por el cariño de quienes le buscan.

Tú me das un discurso para cifrar mi leyenda.
Tú me das aquello que me define y determina,
la impronta con la que me muevo por el mundo.
Yo te doy un hombre que quiere escapar de las multitudes,
que no quiere alzar la voz,
que quiere renunciar a ti y en ti recae,
que te busca y no
que huye de ti y no
que te toca y no
que te mira desde lejos
y al que de lejos, a ratos, sonríes.

Tú me das el ser, Poesía.
Yo te doy un hombre enfermo
que se une a ti en tus recónditas soledades
y malogra tu desnudez
en este maltrecho poema.


imagen tomada de: https://www.poemas-del-alma.com/blog/wp-content/uploads/2013/07/poe4.jpg

lunes, julio 3

Territorio Fértil



Territorio Fértil

De a poco el sonido de tu voz
desocupa espacios en la memoria
entonces cada palabra que de ti guardo
adquiere la textura de lo cotidiano
del rumor del río en la crecida árida del tiempo
del tumulto del mar en la geografía asceta del pensamiento
del zureo de esos cientos con los que a diario nos cruzamos,
saludamos, mentimos, ignoramos, apreciamos, desdeñamos, olvidamos,
pretendemos, odiamos, amamos…

De a poco tu voz
se acopla al narrador que puebla mi cabeza
y así esas palabras allanan los renglones que piden página…

Intervalos
suspensos que entretejen la vida que no verás a través de mis ojos
Signos que son lo que son porque tú los habitas
porque a partir de ti se han levantado de nuevo
buscando la demorada estructura de la ausencia
en el territorio fértil del abismo…

Ante mis ojos se erige como ayer el lenguaje
(miro el recuerdo tibio de tus ojos
y salto por fin al vacío)

Foto tomada de: http://eljardindenuncaacabar.blogspot.com/2016/02/bulbos-de-primavera.html

jueves, mayo 18

Huellas



El espacio se hacía más amplio a cada paso. Por horas esperó que la luz al final de ese pasillo desembocase en una cascada luminosa que lo apartase de las sombras. En ese largo trance el sonido de su respiración había sido su única compañía. Ahora acudían a él sus pensamientos en una mezcla de vértigo y delirio. Entrecerró los párpados, apenas un instante, y al abrirlos se vio caminando por una playa en un amarillento atardecer detenido en un tiempo sin fin, bajo un cielo nublado que dejaba pasar rayos de lánguido pero brillante y pálido sol. El agua estaba quieta y las olas, que ni crecían ni reventaban, suspendidas en el aire acusaban un inmovilidad pétrea. Sus pasos coincidían con unas huellas que delante de sus pies se extendían hacia el infinito. Pese a que el viento también se encontraba en el mismo estado de suspensión, la sensación térmica era de inusitada frescura. Sin comprenderlo, sus pasos se ciñeron a esas huellas y al rumbo que trazaban... y caminó y caminó, viendo delante de sí el ángulo, a lo lejos, en el que se unían el mar, la playa y el cielo; una curva inacabable que prometía las sombras de un cercano crepúsculo, en una convergencia de naranja y magenta. Pasado un largo lapso empezó a sentir que el espacio se achicaba cada vez más pero sin achicarse realmente nunca. Caminó por horas, por días, rellenando las huellas con su pasos sin lograr llegar a esa oscuridad que prometía un abrigo que lo guardase de aquella luz. Cuando se dio cuenta de que su respiración era lo único que lo acompañaba en aquel paraje, sintió desvanecerse y cerró los ojos antes caer sobre la arena; pero eso no pasó, abrió los párpados y se encontró caminando por un oscuro corredor al final del cual se divisaba un incipiente y escuálido haz.


César Eduardo Galarza

Foto: https://goo.gl/4jXoSe

miércoles, mayo 17

Háblame


Decir, más que con palabras,
lo que mis ojos buscan cuando buscan tu mirada...
pero nos atraviesa el silencio
y una sensación de extravío en mi cuerpo cunde...
¿Será así acaso la agonía?
Háblame, olvida mis necedades,
devuelve a tu voz el canto
y a tu rostro la sonrisa, aquella que sosiega tempestades,
las tempestades que mi mar ciñen.

martes, enero 17

Silencio compartido



Levanto la cabeza,
alzo los ojos
y compartimos este silencio…

La distancia nos asemeja,
nos hermana en esa identidad que la soledad depara;
y, aún así,
sigues siendo la extraña,
la extranjera que habita en la voz desterrada,
en el desplazado vocablo
que jamás comprendió los territorios del amor,
en el agitado verbo que busca los surcos de tu piel
para gritar nuestro aroma,
en el callado adjetivo que
califica/descalifica
construye/deconstruye
edifica y arrasa
las altas torres que para ti erige
este hombre que te mira desde las pautas de su tiempo,
desde su estación de adverbios contrariados,
desde su lluvia de rostros inconexos,
desde su silenciado decir,
desde la carencia que tu presencia marca,
desde el saludo políticamente correcto
que nos devuelve a la absurda realidad cotidiana.

Bajo los ojos,
agacho la cabeza
y trato de convencer a este corazón
de que en realidad no ama,
de que ese impulso que lo mueve hacia ti
es una excusa para medirse con el lenguaje,
para pergeñar versos improbables en realidades imposibles,
para ejercitar el oficio de la palabra
y llenar de presencias el vacío,
para encender la luz dentro de los huesos
e iluminar este tránsito por la sombra
y saberse vivo
más allá de todo latido,
más allá de toda ausencia anticipada.

sábado, septiembre 26

Aleja de mí este canto...

                                                                            Pregunta por mí, el viento sabrá...
                                                                   (X. San Martín & P. Benegas /LOVG)

Aleja de mí este gozo que el amor promete.
Aleja los sueños y el futuro que anidan tras
la dulce calma que trae la noche.
Acalla en mi boca la certeza,
las palabras que al pronunciarse serán tu venida.
Aleja de mí este canto
para darle al vacío el esplendor de tu esencia.

Negarte, negar que existes habitante -como yo- del instinto
porque amar es espejismo
para quien ha decidido apenas ser amado,
y porque prefiero creerte venida del Sur
para yacer intacta en mi silencio.

Vuelvo a ser el hombre que no esperaba con temor la lluvia,
el caminante con un escrito bajo el brazo,
la figura de un ave de papel que sueña con aquel lugar común
que buscan los poetas,
el trazo del estilo sobre el papel de los días,
el aroma de la piel de la tierra reverberando sobre una llama.
Vuelvo a serlo y no lo quiero más (no puedo).
Así que aleja de mí este canto
para darle a la poesía la forma de tu ausencia.
(1998-2015)



martes, agosto 5

Las certezas no asumibles

Algunas cosas vuelven a un punto inicial. Quisieras desdoblar tu piel para que en ella cunda ese ser bifurcado que se te antoja eres. Estar de pie de frente a la vida debería ser un estadio vital más animado, a la vez inquietante, a la vez apetecible. Pero las certezas que te nacen no tienen cabida en la historia que vas contando. ¿Qué haces?

Por lo pronto prefieres el silencio donde la palabras acumula una serie de frases que te asaltan en tropel. Son construcciones que decides deben no ser dichas, cifradas, aunadas a una métrica, a un sistema y un sentido posibles. Luchas porque las cosas que configuran tu universo sean suficientes, únicas y totalmente importantes.

Sin embargo, ese silencio atiborrado de decires inunda tu pensamiento. Sí, aquel pensamiento que es asaltado por imágenes, sonidos, olores, sensaciones vividas e imaginarias. Anhelos y apetencias que acaso crees necesitar; y puede que no las necesites, pero su ausencia es invitación a una melancolía que se retrotrae sobre la espiral en la que se despliegan los latidos de tu corazón.

Das, entonces, la espalda a lo que sientes y rechazas el beso imaginado que se posó en los labios reales que día a día te traen noticias de la realidad que elegiste, la cual conoces como tu vida.

Y así, vez tras vez, tropieza la poesía y cuanto canto suba por tu lengua y busque la luz de tu boca, el sabor que sólo tu voz podría darle.