martes, enero 17

Silencio compartido



Levanto la cabeza,
alzo los ojos
y compartimos este silencio…

La distancia nos asemeja,
nos hermana en esa identidad que la soledad depara;
y, aún así,
sigues siendo la extraña,
la extranjera que habita en la voz desterrada,
en el desplazado vocablo
que jamás comprendió los territorios del amor,
en el agitado verbo que busca los surcos de tu piel
para gritar nuestro aroma,
en el callado adjetivo que
califica/descalifica
construye/deconstruye
edifica y arrasa
las altas torres que para ti erige
este hombre que te mira desde las pautas de su tiempo,
desde su estación de adverbios contrariados,
desde su lluvia de rostros inconexos,
desde su silenciado decir,
desde la carencia que tu presencia marca,
desde el saludo políticamente correcto
que nos devuelve a la absurda realidad cotidiana.

Bajo los ojos,
agacho la cabeza
y trato de convencer a este corazón
de que en realidad no ama,
de que ese impulso que lo mueve hacia ti
es una excusa para medirse con el lenguaje,
para pergeñar versos improbables en realidades imposibles,
para ejercitar el oficio de la palabra
y llenar de presencias el vacío,
para encender la luz dentro de los huesos
e iluminar este tránsito por la sombra
y saberse vivo
más allá de todo latido,
más allá de toda ausencia anticipada.

sábado, septiembre 26

Aleja de mí este canto...

                                                                            Pregunta por mí, el viento sabrá...
                                                                   (X. San Martín & P. Benegas /LOVG)

Aleja de mí este gozo que el amor promete.
Aleja los sueños y el futuro que anidan tras
la dulce calma que trae la noche.
Acalla en mi boca la certeza,
las palabras que al pronunciarse serán tu venida.
Aleja de mí este canto
para darle al vacío el esplendor de tu esencia.

Negarte, negar que existes habitante -como yo- del instinto
porque amar es espejismo
para quien ha decidido apenas ser amado,
y porque prefiero creerte venida del Sur
para yacer intacta en mi silencio.

Vuelvo a ser el hombre que no esperaba con temor la lluvia,
el caminante con un escrito bajo el brazo,
la figura de un ave de papel que sueña con aquel lugar común
que buscan los poetas,
el trazo del estilo sobre el papel de los días,
el aroma de la piel de la tierra reverberando sobre una llama.
Vuelvo a serlo y no lo quiero más (no puedo).
Así que aleja de mí este canto
para darle a la poesía la forma de tu ausencia.
(1998-2015)



martes, agosto 5

Las certezas no asumibles

Algunas cosas vuelven a un punto inicial. Quisieras desdoblar tu piel para que en ella cunda ese ser bifurcado que se te antoja eres. Estar de pie de frente a la vida debería ser un estadio vital más animado, a la vez inquietante, a la vez apetecible. Pero las certezas que te nacen no tienen cabida en la historia que vas contando. ¿Qué haces?

Por lo pronto prefieres el silencio donde la palabras acumula una serie de frases que te asaltan en tropel. Son construcciones que decides deben no ser dichas, cifradas, aunadas a una métrica, a un sistema y un sentido posibles. Luchas porque las cosas que configuran tu universo sean suficientes, únicas y totalmente importantes.

Sin embargo, ese silencio atiborrado de decires inunda tu pensamiento. Sí, aquel pensamiento que es asaltado por imágenes, sonidos, olores, sensaciones vividas e imaginarias. Anhelos y apetencias que acaso crees necesitar; y puede que no las necesites, pero su ausencia es invitación a una melancolía que se retrotrae sobre la espiral en la que se despliegan los latidos de tu corazón.

Das, entonces, la espalda a lo que sientes y rechazas el beso imaginado que se posó en los labios reales que día a día te traen noticias de la realidad que elegiste, la cual conoces como tu vida.

Y así, vez tras vez, tropieza la poesía y cuanto canto suba por tu lengua y busque la luz de tu boca, el sabor que sólo tu voz podría darle.



miércoles, julio 9

Lo que de mí se aleja

Más allá de toda palabra que el lenguaje arroje,
espera mi voz, hundida en la tormenta.
Liviana, diáfana, placentera es la sensación de extravío.
Inventa tu mirada un rizo que resbala por la sed del sueño;
sobre la ciudad pende el encanto de la llamarada
-supe que eras tú, el silencio prodigioso depositó tu nombre en mi lengua-.
Acoge la luz, en tus manos, la huella de cuanto es posible.

Tras el velo de las catedrales un ave anuncia la orfandad de las esquinas.
Otras veces he recorrido estas calles
macerando cada paso con infelices licores y falsa poesía,
ahora busco un sonido que se antoja imposible:
la risa que tu mano oculta como si de un preludio de sombra se tratase.
Ajena es a mí tu dicha –en la acera se disipa mi canto–.

Amo cuanto me está abandonando.

¿Lo sientes? ¿El rastro cálido de hormiga sobre la comisura del labio apetecido?

Ahora

Ahora quiere escribir,
buscar con su mano aquella voz que habla en lo oscuro,
menguar las pausas que eclipsan los decires,
la tartamudez, el miedo, la inseguridad aferrada a los rostros,
la certeza de las palabras que, constantes, repite
y sitian su discurso, 
y limitan el cielo de su espacio.

Ahora quiere mirar,
precipitar sus ojos sobre las formas que trazan su camino,
ser sólo la luz que descalza avanza, paso a paso,
sobre la rugosa piel del mundo,
cerrando los párpados a la huella que deja su sombra.

Ahora, sin embargo, calla
pues no quiere ser presa de la ansiedad
que agita lo imposible,
y quiere, también, alejarse del sabor gozoso de un nombre aún no dicho
que instante a instante sorprende en su boca.

Preludio de Sombra

Eres, como yo, el silencio...
las palabras postergadas,
una razón oculta en el tiempo,
una sonrisa que ignorante pasa,
una cabeza vuelta atrás para mirarme
mientras se vuelve, como la ciudad, lejana.

miércoles, junio 4

Este corazón que herido pasa

Hoy me he sentido especialmente vacío
Hoy soy este corazón que herido pasa.
No soy el ayer prometido,
ni siquiera la voz que buscaba tu cuerpo.
El tiempo vino y se llevó las sílabas de un nombre.
No cuenta entonces el abrazo que se da a oscuras
mientras el mundo afuera ignora sus propias revoluciones.
Soy esta oscura luz que mi pecho irradia,
los ojos que no se cierran a la noche y en el abismo vuelcan su soledad,
la nada que se contempla con atisbos de amanecer,
el verso que circunda la lágrima,
el pasillo que nos lleva a aquel pasado que ignoramos / que nos ignora,
el trazo del lápiz en el viento
y la sonrisa que gira paso a paso a lo largo de un salón diurno…
Y la pregunta que desde la infancia busca su respuesta,
y la forma inusitada del silencio alrededor del cuello,
y las volutas de humo que desgajan la respiración,
y este grito que lacera la piel desde las entrañas…
Hoy soy este corazón que herido pasa

(la ciudad pasó también sin más y me dejó sin palabras).